domingo, 27 de marzo de 2011

Mirando al sur


Los dos permanecieron callados durante poco tiempo. La mujer se sentó en la banqueta, pegada a la mesita de noche, dispuesta a obedecer cualquiera de los mandamientos del moribundo. No se atrevió a coger el libro de encima de su mesita, que había dejado a la mitad desde que la situación de él empeoró; se lo tenía prohibido. Así que no leía, solo miraba fijamente esos ojos negros de hiena, que oscurecían a marchas forzadas toda la estancia.
Al rato, los párpados encerraron tras de sí la fuente de la oscuridad. Sigilosamente se levantó de la banqueta y se dirigió a su lado de la cama. Cogió el libro, fue hacia la ventana y, a través de una pequeña rendija por la que entraba una tímida luz, comenzó a leer. Pero poco duró esa evasión.

- ¿Qué haces ahora, Ángela? - la hiena es un animal carroñero, nocturno por antonomasia, que huele cualquier presa que se moviese aun en tinieblas.
- Nada. Miro cómo cambia la luz. Ha dejado de llover, el sol brilla en todo su esplendor. Hace un día estupendo, ¿no crees? - dijo apretando la cortina hasta que sus manos comenzaron a sangrar de rabia.

5 comentarios:

  1. Joder ya te dejé un comentario pero se ve que no se guardó, decia algo a si de que el texto deja de ser demasiado espeso de manera farragosa y empieza a ser espeso de manera profunda cosa que me gusta mucho y bueno que hay un pilón de frases que apuntaría en mis libros de insti como si fueran de los mismos Héroes del Silencio

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  2. ey Bunbury, me alegro que sigas conservando los libros del insti
    si quieres el resto del texto pídelo

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  3. No molas tanto como Dimas pero tienes tu punto jajajajajajajaja

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  4. O es un comentario de Dimas, o es que te pareces mucho a él, señor Men-lon :)
    De todas formas, gracias por participar

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