miércoles, 23 de febrero de 2011

Soy en absoluto


Son todos unas putas.
Mis soldados de plástico,
Mis uniformemente coloreados cowboys,
Y mis héroes aun desprovistos de extremidades, pilas o accesorios
Tenían más alma al borde del saliente
Que la que imaginan taponar ellos cuando cierran la bocaza.
Ahora.
Frente a mí.
Mirándome a los ojos.

Aun así hay que dar gracias a cada madero cruzado
Porque el molesto sonido que hacen con sus zapatos al pararse a hablar conmigo
Y su dinero perfectamente plegado en sus carteras
Nos recuerda que tenemos alguna cosa dentro
Y que hace sonar nuestras paredes
Agitándose como cuando sólo queda una única moneda en la alcancía.
¿Una llave amiga de un cordel para la puerta menos usual, quizá?
Una nota firmada de Mr. Bergstrom
Unas pelusas oxidadas formando casi como una sortija.

Los perros nos ladran al otro lado de la verja
Porque quizás tengamos alma a éste.

A veces, como tú lo eres,
Yo también soy tan tocable.

No veo nada volando dentro de ellos.
Ni la más mínima cuenta de aire cuando están.
Como la cafetera sin un viaje de humo que suba hasta su interior.

Deben.
Aun así que salgan primero los que arden antes.
Tiren este poema al suelo.
Pulsen aquí para la luz.

Ni si quiera se reflejan en el suelo al levantarse de la taza
Aunque su propósito del día sea intentarlo.
Los acaban de encerar con cepillo y puesto debajo del grifo.
Sus cinturones no tienen agujeros
Y su mierda no huele.
Cuando no puedes llamar en una conversación de quince minutos
A algo, sonreír, huye.
Provocan una tierra negra
Y un precipicio en las sombras
Que tú y no ellos, arrojan.
La gente deja de fabricarse y es multitud
Y ni los pájaros dibujados
Quieren saber algo de ellos.
Sus abultados escotes han creado una ilusión de leche tibia para los de Copperfield y Twist.
Formulan hostales con palabras robadas a la verdad.
Rubias tapadas por que les ha tocado enero en el catálogo,
Chucks sin una nipona que salvar.
Hacen creer a los niños que el destartalado submundo de pañuelos estropeados por la lavadora en mis vaqueros no es suyo en absoluto, que no les pertenece como a las rosas el sol de mediodía que bordea color azafrán los trasteros y las medianas.
¡Qué hijos de puta!

Ellos y ellas creen en si mismos.
Yo no estaría tan seguro.
Es algo personal.

-Dimas- También conocido "Aquelquetraficaconapuntesycapuchasdeboli"

lunes, 31 de enero de 2011

El collage de Golightly


Se reunieron y se vieron por fin bajo la lluvia del cine.
Gabardina empapada hasta el suelo
Y tobillos helados sin el poder de dar un solo paso:

-Dame un poco más de tiempo, Holly

-¿y si muero de repente?, el tiempo no es nada seguro

-"Los amores que matan nunca mueren"
O eso dijo rodando el vinilo hasta que se volvió loco en la gramola
¿Has oído lo que he dicho, Holly? no puedes morir

-Mi amor nunca ha matado a nadie,
Ergo soy tal para cual
O simplemente mortal

-Hay lápidas pudriéndose de solas
En los caminos del cementerio
Y podridas hablan de otra cosa:

"Muerto y enterrado por la misma mujer
-Corazón anónimo-"

-Esos epitafios hablan de Golightly cuando les acercas un candil
Y no de mí.

-Las tumbas están abiertas, antes o después
Los muertos se atreverán a volver allí.

Se reunieron y se vieron por fin.
Bajo la luz de la película.
Donde la lluvia le tomó el pulso al cuerpo
Y el cine dio por muerto
A uno de los dos.

-Dimas- También conocido por “Hannibalunaveznieratanlistoniteniacanas”

A propósito de… Hay poemas a veces no escritos que se forman al rededor de mi. Éste, fue capturado y enjaulado por dos poetas. Ahora vuela libre.

sábado, 22 de enero de 2011

Una breve historia a través del tiempo, el amor y el sonido a calderilla.


Limpió sus gafas del olor a gónadas
Que le habían dado en esa mina sin rastros de candiles,
Y el médico le propinó un beso en las fontanelas.
“Voy a estar sólo conmigo mucho tiempo
Y ni siquiera dijo buena suerte,
Cuando mi madre me sacó en brazos
De los recién fregados pasillos de maternidad”
Las jirafas de sus muros parecían tomar vida para cabalgar por los azulejos
Y la cera de la que estaba hecho, madurar.

Lo vi en una foto vieja.
El padre una vez tuvo una barba aviesa y era barbero de navaja seca
y de huertos y de una perra llamada Kimba y de jornales justo y de trenzas.
Se ganó la vida como bastardo aprendiendo de jefazos de la capital
Para luego montar aquí un negocio de autobuses y celebrarlo incólume en el bar.
De joven había empezado a contar espigas en vestidos
y dormido bajo las sombras de un carro que le rayaban la camisa.
Yo sólo lo vi una vez entre todos mis sueños de aquella época
Parte de él se lo llevaban los enfermeros robándolo de su silla de siempre
Y la otra es por la que aun cojo higos y los dejo en su abandonada puerta
Por si algún día vuelve
Y se cobra.

En el cartel de los troleros puesto en la plaza pone con arrope
Que sólo me miente para decirme la verdad
Y que el suelo de la cocina era de tierra y se barría con tierra
Que no había sillas suficientes pero si un corral de gallinas locas,
Cerdos cosidos, conejos altivos y ollas de barro con cocido
Y una vieja, que cocinaba día y noche entre montañas de harina
Y filosofía de tienda.
Allí se ponían rojas las mejillas de mi madre
Cuando llegaba el tiempo de recolectar las manzanas
Allí cosió su minifalda azul.

En fin, el James Dean del serrín conoce a la Heidi de los medicamentos
Justo al bajar de la pradera.
Y me tienen a mí y a dos más,
Entre libros que a mi entender siempre han sido antiguos
y mantas traviesas de la siesta del último viaje juntos.
Lejos de los sombreros de paja de San Antonio.
Donde abusan de tu solapa las flores sinceras
Y tus pies reconocen a primera vista su vocación de pez cuando los hundes en las charcas.

Pero ahora no hay tantos espejos en casa del cristalero
Y yo empeñé el chasquido de los mistos por el poco cuero de mis suelas
Y por el último regalo nuevo a mi prometida de las afueras.
Mamá tiene las manos vendadas
Y un cuervo ha secuestrado al espíritu de papá
Y lo ha escondido entre las ramas.
Miguelito hace viajes al hospital
Pero estará bien pronto, estoy seguro.

Vendrán tiempos mejores, y los limpiabotas y los de correos
Tocaran la campana lanzándoles monedas de a uno.
Y yo podré comprar la vaca con más manchas y más gorda de todo el verde norte
Y te la regalaré.
Para sentarnos a su sombra
Y engancharnos a sus tetas toda la tarde.
Hasta tener la barriga hinchada
Y la boca llena de un olor penetrante a nata.
Hasta que una gota resbale del cielo.
Se te empañe la mirada y el pecho de estrellas.
Te quite la camiseta.
Y la hierba se duerma por el peso de las espaldas.

-Dimas- Tambien conocido por su abuelo como “Sirigüelas”

A PROPÓSITO DE...Presten atención a toda historia que parezca un cuento
Depués de todo ¿Quién no quiso recorrer el tiempo?

martes, 11 de enero de 2011

Cuando el príncipe ya no tiene color preferido


Desteñidas de azul mis mallas:
Es más tiza mi Tizona,
Es más escoba que caballo,
Es menos mío su corazón atrapado allá en lo alto.
¡Ay de mí! Sin su príncipe,
Mi damisela se encuentra a salvo.

-Dimas- También conocido como elprincipedeotrocolor

martes, 4 de enero de 2011

La más fina de las líneas (el caso de A.C.)

Al cerrarse la puerta detrás de él, notó una pequeña ráfaga cálida rodeándole el cuerpo, invitándole a adentrarse un poco más. Se sentía muy cómodo en ese entorno, entre carmines y carmesíes danzando a ritmo de jazz y rodeado de poemas colgados en las paredes esperando a ser leídos en la tarima de la esquina. El bienestar iba en aumento a medida que inspiraba la embriagadora esencia con la que el café acicalaba el aire del local.
Había tres clientes. En una mesita redonda, al pie mismo de la tarima, una pareja hablaba entre susurros, inclinados hacia delante y calentándose las manos con dos grandes tazas humeantes. Una persona más completaba el cuadro, solitaria, sentada al final de la barra, a la luz de una cerveza fría que amarraba como si temiera perder alguna última oportunidad. La pareja no notó la presencia del nuevo cliente, pero el hombre de la barra se sobresaltó al verle, o eso le pareció a A.C., pues no dejaba de levantar los hombros y mover la nariz, como oliendo algo chamuscado.
A.C. dudó un poco, pero finalmente resolvió dirigirse a aquel tipo, cuyos tics aumentaron no en cadencia, sí en intensidad. No obstante ya eran las seis y a alguien se tenía que dirigir.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Yo sabía que no era bueno...

Yo sabía que no era bueno mirar eso que no quería ver.
Yo sabía que no era bueno echar de menos eso que quería echar de más.

Pincha aquí para ver esta foto.

Yo quería dejar de soñar o volcarme en mis sueños para siempre, pero no mantenerme entre Suiza y Budapest, sin saber hacia donde tirar.
Yo quería imaginar el tono de mis días y componer mis dialogos de primavera:

- Creo que me gustas.
* Yo también pero...
- Ya, calla..
* Bésame.

Y entonces dejé Budapest y regresé a Suiza y nunca supe si le llegué a besar.

lunes, 27 de diciembre de 2010

El sonido del sedal


Ahora que el pez se me había escapado en el último momento
Y volvía río arriba al sueño de agua de donde vino,
Él sacaba con cada aleteo de despedida un color nuevo a sus escamas
Y yo por fin veía a un joven de veintiún años sonreír
En lo que parecían las ventanas de un tren final a las nueve de la noche.
No me preocupa que me olvide.
Él siempre tendrá mi cebo
Y yo el sedal con la que casi todo salió bien.

-Dimas- También conocido como "FindingNemo"

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Por propia voluntad


- ¿Recuerdas las mañanas frescas de primavera y su albor fulgurando en la hierba? ¿Recuerdas aquellas tardes de verano, cargadas de agua, tierra y libertad? ¿Recuerdas las hojas cayendo al otro lado de la ventana, hinchándose hasta parecer esponjosas? ¿Y qué hay de las obligadas siestas invernales?
- Sí, lo recuerdo, ¿por qué lo di...?
- ¿Y recuerdas la riña que tuvimos con aquellos maleantes que vinieron de detrás del sol? ¿Recuerdas las naranjas estallando en sus cabezas? ¿Llegaste a diferenciar el crepúsculo de los gajos despedazados? ¿Y el contraataque que le siguió?
- Sí, lo recuerdo, ¿por qué lo dices?
- ¿Serías capaz de olvidar algo por propia voluntad?
- No sé. Sí, si me dices cómo.
- Te lo diré. Pero antes yo tengo que acabar con él.
- ¿Con quién?
- Conmigo, con lo que queda de aquel que vivió todo eso.
- ¿Por qué?
- Ya es hora.
- ¿Y yo?
- También vas a acabar con ella, contigo.
- Pero, ¿cómo?... ¿Oye? ¿Sigues ahí?
- Eh...
- ¡Oye!
- Eh... ¿qué? ¡Ah, sí!... acabo de terminar. ¿Me permites?
- ¿Qué hago?
- Sólo asiente con la cabeza cuando dejes de escucharme.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Niños que se pierden en la nieve sin su silbato (Ensayo sobre la quietud necesitada)


Debe haber caído algo.
Algo, de algún lugar lejano perdido allí arriba.
Debe haber caído y dado de lleno contra el aburrido pavimento
Y los tenderetes cuidadosamente descolocados de los patios andaluces.
Porque las pinzas están en el suelo
Y todo se ha parado.

El ruido de sirenas no puede sonar alterado en un solo momento.
Ni tierna la brisa tecleando mis pestañas justo en el mismo.
Las olas arrellanadas entre el agua y el caballo de burbujas
No rugirán si no las empujan a asomarse a los porches del bulevar.
Todo esto y lo demás se ha quedado muy quieto.
Como si ya fuera por fin la hora de descansar.
Incluso la barba me ha dejado de crecer en esto.
Aun así el sol la pone pelirroja cuando puede.

Los peatones en la misma postura en la que los abandonó el tiempo.
Todos parecen estar ganando a la gallinita ciega
O perdiendo al escondite.

Pienso en las novias prometidas cogiéndose el vestido de la punta en la aldea.
Es un desastre que no tengan un aniversario que puedan celebrar.
O en los insectos, los abuelos o las estaciones,
Ya no tendrán una época del año.

Recorro la ciudad en busca de detalles brillantes.
De puntos despiertos.
De un lugar que huela con fuerza a caderas bajando las escaleras con prisa.
Pero siempre resulta ser agua turbia yéndose por los lavabos abiertos
O miel reposada entre una cucharada y unos carnosos labios.

Me han dejado vivo
Y salto por encima de los coches
Y machaco su chapa cada vez con unos zapatos distintos
Pero con el mismo silbido estridente.
Apedreo las casas de los chicos que me pegaban en el instituto
Y bailo con las chicas más guapas del parque que miran con delicadeza hacia el suelo y que no saben que sus chorbos no van a llegar.
A veces las miro con pena y recojo poco a poco sus faldas de colores hacia atrás y hago lo que ellas esperaban en sus citas.
Todo eso mientras ocurre el silencio y cubro récords mundiales de patinaje sin que nadie sepa cuantas trampas hago, ni si me marcho sin pagar.

Pese a lo que seguro están soñando esas cabezas inermes que observan a todas horas desde su quietud. No suelo aburrirme.
Hoy, por ejemplo, durante todo el atardecer,
He estado gritando como un animal
Desde los self service de la costa
Hasta el sabueso astado que muerde la pineda con ojos y fauces de fosfato.
Desde “La Calle de Arriba” hasta la glorieta del origami.
Me destrocé la garganta con palabras inútiles hasta que noté el sabor a sangre
Y metálicas las encías,
Y ni las palomas negras de la plaza estaban hoy temerosas de ello.

Juego a las trompas durante horas porque no sé lanzarlas
En charcos de una lluvia que se quedó a la mitad
Robo en las tiendas tapetes de mesa y collares de tela
Para mi chica quieta
Y uso de colillero y almacén de drogas el escote de la alcaldesa.

No puedo descolocar las nubes
Porque no llego.
Pero si pudiera, cogería mis preferidas,
Las del atardecer rojo tras una boda en los semáforos
Y las pondría en nuestro cuarto.
No lo tomes a mal.
Para que ardiera de una vez.

Le hice un favor a un niño feo
Y lo puse con la reina de su trance
En un baile.
Pero no es justo bajo las luces de la discoteca, ella no lo quiere.
Lo siento, niño enamorado, vas a perder
Incluso cuando estás perdido.
Debiste calarte la chaqueta con estilo y taparte mejor la cara
Cuando tuviste oportunidad.

Intento enseñar mientras desciende el frío sobre mis hombros
A flautistas de la calle lo que siempre quisieron,
A tocar la guitarra como lo haría un viejo vagabundo de verdad.
Pero no aprenden nada y cada vez son menos las monedas en sus fundas.

Firmo los libros de Miguel Ángel Blanca y los entrego en mano a lloricas.
Llevo los repartos de la “Tipo” en una moto puenteada porque eran las llamas más brillantes que había visto jamás en un deposito.
Y les doy conversación a las abuelas que no pueden morir
Y a los amuermados taquilleros.
A demás siempre llego a tiempo para desviar el cañón con el que apuntan los hombres en llamas a sus mujeres en su cama o de mover de los raíles de cercanías, las cabezas apoyadas
Y si no de salvar, por lo menos consolar al potro de la ciénaga de Grimpen.

Sí, todo quieto.
Y sólo tiemblan las pupilas de mi amada.
Revolotean y se limpian como un pájaro en una fuente.
Se agitan como la tarde en las cortinas.
Y esconden algo que sinceramente me diría.
Pero ningún movimiento más.

Solo, como cuando decides que no quieres sentarte con nadie en el tren.

Lo único que me ha preocupado en estas horas, semanas o años
Es que si nada vuelve a funcionar,
Nunca veré nevar.

Entonces me dirijo a las capitales del norte.
Allí, en su último aliento, quizás.

-Dimas- También conocido como "Artísticamentedespistado"


A propósito de... Como me encantan los “¿Y sis…”, ¿Y si de repente se para el tiempo que conocéis y quedara en suspensión? Todos haríais lo que quisieseis y si os dais cuenta eso os convertiría en ladrones, violadores, locos, vengadores, asesinos...
A esto apunta el escrito. De que más vale que todo siga en jodido movimiento porque si no seréis los hijos de puta que de verdad sois o que querríais ser, con este piropo y diciendo que yo también me incluyo, me despido mis queridos lectores indigentes. Muaaak!

viernes, 26 de noviembre de 2010

Papillon nunca pierde


Cuando el vapor crece,
Cuando el agua está caliente,
Un ángel se hace de lo que se puede.
Yo lo recordaré como el día en el que las luces del barrio
Desde lo alto de “La Muela” formaban un espeso engrudo
Y él, armado de un rosario corimbo con muescas
Sus mejores discos y un cartón inflamado,
Instrucciones, creo, de la ruleta,
Pasó por la estameña.

En un anillo tengo el pingüe plenilunio
Hecho de encuentros de escarcha y frío
Que atavíe de mi aliento blanco por paramos y macetas.
En las listas de venero, sigo yo el primero
Como virtuoso de los cuernos,
Imaginero del talud del beso,
Y principal sultán de puertas de atrás y caídas en tendederos.

Y así llegaron los infartos de todas sus corazonadas.
Y así José Antonio, hermano de José María y Juan Ramón,
Como dejan de jugar los amigos,
Nació como paisaje en un cuarto sin ventanas.

En el hogar pasturan el calor los antepasados
Con azaleas duras como espíritus de avellano
Y con la sonrisa pura de los años.
Pero cae un claro en “La Trepadora”,
Divaga un llanto dando saltos por la pasarela.
Nadie quiere nacer a la muerte tan pronto
Ni por un amor tan loco.

Papillon, nunca pierde.
Las mariposas se matan dulcemente.
¡Hagan sus apuestas!,
Veinte contra veinte.
La belleza me mata por morir continuamente.

Ciudades de sol
Bajo las sombras de las pinzas y en los lagos de mesa de los barreños.
Salen a tender las herederas
Mascando chicle, con arrugas en la camiseta
Y la tripa por fuera.
El niño la mira como las plantas.
Un mirada recién cogida.
Una sonrisa primera.

Y José Antonio lleva una temporada viviendo en el futuro
Asomado al balcón, ventilando la ficción de su habitación y del humo de su puro
Y entreteniendo a un bufón virtual con un sentido del humor bastante chungo.
Recuerdo cuando solíamos salir a tomar cervezas por las tiendas
Él era el capitán de las barcas a motor
El mayoral de la mayoría de las cabras sin bufanda
Él se pedía su zumo y por diferentes zulos
Repartía cartas a nivel de usuario
Pero como todos las queríamos repartir
Y mientras yo lo miraba con entusiasmo desde lo oscuro.

-Dimas- También conocido por "Shutup!,Dimas,shutup!"

A propósito de...
¿Quién no tiene compañeros que dejaron de jugar con nosotros por aquello de crear familia demasiado pronto?
de esto va este entretenido poema, que me brindó un curioso amigo de esos que no lo son del todo pero que admiras por estupidas razones adolescentes y de recreativos.
Recuerdo que le caia bien pese a que él fuera de la peña de los mayores y yo un mocoso en aquella época yyyyyyy me dió una vuelta en su "Checa Tzr" que eso era muy molón, y ¿por qué no? incluso lo sigue siendo ahora! en fin... no sé donde parará aquella moto... y lo peor tampoco sé donde su dueño, esto suele pasar...a si que
no se hagan los remolones girando la cabeza! saluden a los compañeros que no han visto en mucho cuando se los crucen por la calle, saludenlos y pregunten, saludenlos y digan: "¿Te acuerdas de aquella vez en la que...?

Este poema se comenzó en 4º de la ESO y se finalizó en 3º de carrera

martes, 16 de noviembre de 2010

Dibujo libre


El cazador de linternas de Pasadena,
CBU-19 suspendido,
Se encuentra en la jungla
Con la navaja apuntando un espejismo en su zurda.
De haber criado cerebro cuando corría por los campos de centeno
Se hubiera metido en primavera a barbero.

La heredera árabe, cuando en los pozos
Se encuentran la luna muerta con lágrimas del califa
Reza por lo que han visto sus ojos
O lo que han creído ver en otra existencia.
Deliran sus babuchas mágicas
Arrepiente a su fusil.

A los copos de ámbar negro los han dejado caer.
La inocencia se precipitó desde un árbol
Se encuentra alquilada en los suburbios
Y no está para leer.
Es un niño con una semiautomática perdido entre las tumbas
Corriendo hacia los pechos de mamá
Que se pudren en la laguna.

Y aquí los aduaneros suben a mano las barreras
Y saben cuando aplaudir en los conciertos
Y aquí los bigotes y aquí las sensacionales hombreras
Sin una disparo de cieno.
La palabra lo suficientemente corta en la logia
Para no manchar la campana de su vestido.

Algarrobo, desciende sobre mí como un beso entre dos lobos.
Trueque de semillas.
Nuevas lavadoras por antiguas niñas.
Todos los muertos van a parar su vida
A las islas de tiza.

-Dimas- También conocido por "Esemaravillosomundodepañuelosenmisbolsillos"

A propósito de...


saludo al marine de los sesenta, a la heredera árabe, al tesoro de niños afro, a los que cuidan de ellos y a los que están pensando hacerlo.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Llueve, me gusta


Para mi sorpresa, esa tarde los paraguas aparecieron masivamente, como si la gente hubiera olido lo mismo que yo había sentido. Pero sabía que era imposible. Simplemente, recuerdo que pensé, sería un caso de anormal presentimiento colectivo.
Desde mi habitación veía los paraguas moverse muy rápido, como si a cuestas los llevaran hormigas. Se chocaban unas con otras. Se mojaban unas a otras. Pero había una, con ropa holgada y una capucha en la cabeza, parada y sin paraguas, mientras las demás hormiguitas pasaban a su alrededor desconcertadas y desconcertando a todas las que aún no lo estaban. En un primer momento, pensé que estaba esperando a que el semáforo se pusiera en verde, pues estaba al borde del paso de peatones que concluía bajo mi ventana. Pero después de dos rojos y tres verdes, esa idea la deseché. Quizá esperaba a alguien, fue mi segunda hipótesis.
Un paraguas naranja cruzó la escena haciendo que el resto de figurantes pasasen a un segundo plano. Sin poder remediarlo, lo seguí con la mirada durante unos cuantos metros, hasta que desapareció por una esquina. En ese momento, aprovechando que no le prestaba atención -¡Como si supiera que estaba observándole!-, la figura de ropa holgada sacó las manos de los bolsillos. Solo pude llegar a ver como sus finas manos de mujer habían llegado ya a los bordes de la capucha y comenzaba a descubrirse la cabeza, haciendo caer sobre sus hombros un excelso manto blondo. Pasé la mano por el cristal, que se había empañado por mi recientemente agitada respiración, pero no sirvió de mucho. Con los ojos entornados, haciendo fuerza con los párpados, intenté verle la cara, pero había muchas gotas esparcidas por la parte de fuera del cristal.

sábado, 30 de octubre de 2010

Petit Moulin


Cada paso le costaba un mundo y esperaba que al menos la mancha negra que perseguía estuviera sufriendo lo mismo que él. La respiración la tenía entrecortada y la sensación de ahogo aumentaba por momentos. Nunca había pensado que fuera tan difícil mantener los ojos abiertos bajo la lluvia, aunque tampoco había visto llover con tanta intensidad...
Sin embargo, el suplicio duró poco tiempo. Se guareció bajo un toldo, y pese a los gritos de la dependienta instándole a meterse en el establecimiento, intentó concentrarse en los movimientos del que perseguía.
Éste se había detenido ante una cafetería, mirando un cartel borgoña y unas letras blancas y brillantes que rezaban “Petit Moulin”. Tras inspirar hondo unas cuantas veces, subió el escalón y susurró algo en la oreja al negro que había dispuesto para abrirle, el cual, confuso, le invitó a cambiar la ya aminorada lluvia por el perfumado escarlata.

jueves, 21 de octubre de 2010

Con duendes en mi barba


Hay duendes en sus ojos que viven de mirar.
Pasan su jornada girando la luz desconocida por sus iris
Y volando milochas sin cielo en su nariz.
Su noche comparece a oscuras al cerrar sus parpados.
Su día llama a telas en los relámpagos.
Pasan el recreo sonrosado columpiándose en pestañas
Y comen frutas rubias del cabello y postres de legañas.

Un lagrimal feliz.
Ni una lágrima hace falta.
Me escapo en tu sueño a dormir
Con duendes en mi barba.

-Dimas- también conocido como “Campeondelanzamientodeborsalinos”

viernes, 8 de octubre de 2010

Cuando quise decir.


Todas esas veces que levantamos la cabeza, pedimos la hora y en realidad queríamos decir: “Cásate conmigo, tengo un coche ahí afuera, mañana al amanecer estaremos en la iluminada Las Vegas”

Todas esas veces que agachamos la cabeza con un: “Perdona”, “Lo siento, amigo” y queríamos decir: “que te follen! … y date por aludido”

Todas esas veces que dijimos: “no voy a beber más y realmente lo pensamos de verdad durante unas centésimas de segundo. Y beatos con resaca, nos lo creímos”

Esa vez que le dije a un niño: “bebe con moderación hasta que pierdas el sentido”

Todas esas veces que llegamos a casa en vertical y tarde.
Y de puntillas y mientras nos desnudamos en la cocina
A la conocida oscuridad queríamos insultar todavía:
“He pasado la mejor noche que sigue viva
Y vosotros aquí durmiendo boca arriba”
Y no pudimos…. por no despertar a nadie
Y menos a la realidad, que siempre se encuentra a la vuelta de la esquina.
Pero el corazón desperdigado, uno de tan pocos, seguía igual.

Todas esas veces que pensé en decirte “Te quiero, pequeña” y se quedó en “Encantado. Me llamo Dimas, que bien se ve el mundo desde la ventanilla del tren, si te fijas.”

Todas esas veces que mentimos para decir la verdad de los que nos oyen porque a si es más limpia la acerada espada de mentirnos a nosotros mismos.

Todas esas veces que le contamos secretos a las cosas inertes sin saber que ellas vivirán demasiado tiempo y se las contaran con mucho silencio a cualquiera que pare a descansar su mirar a su lado. Hablo de contenedores consumidos, de huecos de escalera profundos y de buzones sin titulo, bosque de pitas y chumbos o cualquier tronco en flor de relojes, relente vivaz de charcos acabándose y el oído muerto del bastón que sigue en el mismo sitio que lo dejó el abuelo antes de irse. Hablo con las rosas y con quien se esconde o medra en ellas, con los insectos de las macetas y la amapola astral cuando conectan la carambola de las luciérnagas, con la paja en llamas y con tu reflejo de vestido corto acercándose al culo de mi vaso, hablo de mis secretos con mi único secreto.

Todas esas veces que levantamos una lágrima sobre nuestras cabezas
Sin que se nos sospeche llorando y con la mano le damos cuerda lentamente hasta que salga flotando, para decir “adiós” cuando en realidad queríamos decir: “Me quedo para siempre o no te vayas nunca, por favor”

Todas esas veces que perdemos la partida y no podemos matar al quien nos ganó, porque es un delito en algunas culturas o nadie sabe donde conseguir una pistola en este barrio.

Todas esas veces que buscamos el rincón más amplio de nuestras mentes para gritar, para gritar y mover las plantaciones, las ramas altas, sacudir los cañizos, y hasta la última suite panza arriba de los bichos en las briznas de césped. Para tirar al huracán, las hojas, las manzanas nítidas, los nidos vacíos, para producir hondas en el légamo, para hacer sonar fuerte los campanarios, para que huyan lejos los pájaros, todos los pájaros, porque o si no mi grito se los comerá a todos de un bocado.

Tantas veces que disimulo andando lo que puedo volar.

Todas esas veces que los caciques a caballo o los maleantes con flequillo levantaron su pecho sobre el nuestro y no les pude discutir: “No puedes llevarte ese dinero, tiene un valor sentimental”

Todas esas veces que estuve por decirle a la niña de Belén que Mary Popins estaba basada en un personaje real de mi pueblo para que se riera siempre, incluso cuando yo me fuera.

Todo esos “te amo de una forma indecente y de mala manera” de mis sueños normales, de los que nunca acabo de salir porque te encuentro al otro lado y entonces ambos son reales y ambos soñados.

Todas esas cosas que quise decir y que no te he dicho.
Pero un doblón a que las he pensado.

-Dimas- También conocido como “Dimenosenloschistestontos”


A PROPÓSITO DE…


Cuantas cosas se quedan sin decir y son escritas lejos del único lector interesado.
Todos somos receptores de alguna frase que no nos quisieron decir y que anda por ahí firmando cuadernos Foxy.

domingo, 19 de septiembre de 2010

La niña de Buda


Criatura, no te molestes en seguirme
Voy a donde vaya el barco de papel.
Zigzagueando entre los brotes de algo soñado
Y las recogidas estatuas de patos.

Río abajo por donde la corriente decida y abra.
Saltando en el agua de brillo en brillo
Llegaré a la escuela
Y allí haré amigos.

La palabra de dios me hizo un círculo
Del que no podía salir.
Cavaron niños mi tumba
Y pretendían apedrearme con las uñas de buda.

Voy a donde vaya el barco de papel.
Remontando las dunas, las cuevas,
Hasta el faro que algunos segundos sabe el porqué.
Siguiendo la traílla de voz de un cascabel.

Y si el barco encallase en las olas
Con gusto le empujaré.
Soplando sus altas velas
Hasta hacerme de papel.

-Dimas- También conocido como "Elbuenladróndepomelos"


A PROPÓSITO DE... He decidido concentrarme para que no se me mueran las muchachuelas pequeñas por fanatismos religiosos. Lapiden con besos a sus mujeres y no con piedras, señores sin cabeza.

lunes, 6 de septiembre de 2010

El asceta del puerto


Allí se le ve todos los días. Desde siempre.No se sabe si viene muy temprano, o si se va muy tarde. Lo más seguro es quenunca se haya marchado. Llueva o caiga a plomo un sol achicharrador, él se mantiene allí, sentado en las rocas, al pie del faro, esperando que ocurra algo o que venga alguien desde donde el verde azulado y el azul verdoso se unen en blanco o en púrpura.
Le gusta sentir en sus pies arrugados las cosquillas de las salpicaduras de las ondas cuando chocan contra sus rocas. Le gusta que la lluvia le acaricie la cara en las tardes brunas de otoño, cuando levanta la mirada hacia las nubes en un gesto más conciliador que desafiante, casi de satisfacción. Sólo entonces, sabiendo que no es observado, es cuando sonríe al horizonte tormentoso.

sábado, 28 de agosto de 2010

144000


Abrió los ojos. Estuvo unos instantes sin distinguir nada, mientras la vista se le enfocaba. Al hacerlo se dio cuenta que estaba fuera del apartamento, al aire libre, y unos nubarrones negros arrastrados por un fuerte viento de poniente se cernían sobre él y sobre la ciudad, a sus pies. No se sentía seguro cuando llovía, y aquella azotea a la que no recordaba cómo había llegado no era el mejor sitio para resguardarse de una tormenta que estaba a punto de estallar.
Poco tiempo hubo de esperar hasta que el primer rayo atravesó la densa capa de polvo y humo y chocó contra el asfalto. Intentó levantarse, pero no se podía mover. Estaba atado a una rudimentaria camilla de madera. Empezó a forcejear y a desesperarse. Un segundo rayo salvó de nuevo la capa y dio de lleno contra la azotea de otro edificio. Pudo llegar a ver cómo las baldosas se rompían, saltaban hacia la calle y restallaban agónicamente. El miedo apareció, y comenzó a sudar y sollozar. Rompió a llorar cuando vio el pináculo de una iglesia desgajarse ante el impacto de un tercer rayo, en la misma calle de la azotea. No era religioso; no sabía a qué encomendarse.
La tríada de rayos dio paso a una sinfonía de luz. El horizonte que recordaba haber visto antes, coronado por bosques, cerros y praderas verdes, ahora estaba anegado por las llamas. Un círculo de fuego rodeaba la ciudad y comenzaba a adentrarse por sus puertas. Sólo faltaba que aparecieran cuatro jinetes a lomos de caballos hechos de fuego y metal. Incluso creyó que los acababa de ver atravesando un edificio que inmediatamente después se derrumbó. Se encontraba en el mejor sitio para ver el fin. Pero el calor era insoportable.
A pesar del caos emergido en solo un puñado de minutos, no alcanzaba a oír ningún grito de desesperación, angustia o pavor; era como si todos hubieran huido antes. Sólo el crepitar de las llamas. Y de fondo un pitido, que cada segundo que pasaba se volvía más firme.
Los rayos cesaron pues no tenían nada más que destruir. No se oía nada más que la sirena anunciadora de nuevos días, que continuaba con su cadencia, armoniosa en definitiva. No se veía nada más que oscuridad. No se olía nada más que azufre, ni siquiera dolor.
Pi… pi…Pi..pi..pi.pi.piiiiiiiii

martes, 17 de agosto de 2010

Romancero de dos medias mañanas


He sacado rulando de pisapapeles
A mi bola de cristal.
A mi mejor pichón roncero,
Al que jubilé por año nuevo,
Lo tengo, con tomos de cartas de amor,
Entrenando de mensajero.
Pasando por la Roza y la Calle Miguel Hernández
De la suite del palomar a las cañas sosegadas del tejado.

Desayuno bromuro para dos
Y puntas de veleta.
Y cada tarde levanto al niño Cupido de la siesta
Para mi sesión de acupuntura con saetas.
Despierto a mis vecinas
Como capitán del blanco viso de las olas,
Como campeador de balcones sin cortina,
Con mi fiel mandolina.

Así espero recostarme cuando vuelva
En uno de los pechos amables de Atenea
Y oír a su agujereada mecha cerrarme la boca:
“Shhh. No hay porqué temer mucho miedo, mi caballero.
Ciérrale los ojos a la persiana,
Demasiada luz para dos medias mañanas.
Recita lo que sepas
Y vuelve conmigo a la cama”


He vaciado la calesa
De cenas y tantas noches sin velas,
De agujeros de ramas y de fantasmas.
Del mantel rescaté un par de lágrimas de cera
Y del caldero, el palo de apalear a los malos,
Las cuentas perdidas del alma y el diseño de la nada.
He pintado en la pared que da al jardín, un domingo
Y un vestido goteando y tendido de lo mismo.
Una mano nueva de aceite para las cadenas del columpio.
Y casi me mato perfumando de añil un cielo
Desde el balancín.

He realquilado y remendado de nuevo mi armadura
Y he vuelto a probar la fruta.
A mi escoba le he puesto nombre de caballo
Y he sobornado en el barrio a dos soldados, uno desde los quince chambelán.
La cabaña en la carpintería de mi padre
Parece más fortaleza desde que até sus pináculos con cables.
Escupí en el foso donde solté salvajes renacuajos.
Y la torre vigía con ladrillos de panal
Y billetes sin premiar de lotería.

Así espero doblarme cuando vuelva
Más allá del pliego de su falda
En las piernas de Jazmine
Y oír a su inquieta boca cerrarme la boca:
“Shhh. No hay porqué temer mucho miedo, mi caballero.
Ciérrame los ojos como te venga en gana
Demasiada luz tornasolada
Para dos medias mañanas.
Recita lo que sepas
Y vuelve conmigo a la cama”


-Dimas- También conocido como "Unamediamañanasindesayunarninada"

viernes, 6 de agosto de 2010

La Princesa Prometida


Una mañana más, ella y sus coletas
Se precipitaban por las escaleras de la estación
Hasta oír bien fuerte la respiración
De su destartalado tren a vapor.

Ella se arreglaba la falda y se cruzaba de piernas en el último vagón,
Esperando a que cualquier polilla suelta
Frenara su vuelo en el polvo
Y le diera conversación.

El vagón y su conversación atravesaban
Fulgentes infusiones de tisú, astillas y sol cuando se sentía bien
Y opacos nervios de nimbos de ceniza
Cuando miraba irremediablemente por la ventana.
Pero se hacia camino y habían llegado sus tres amigos.

Pero habíamos quedado con Dios
En que todo viaje tiene su final,
Justamente como éste.
Y sin serenar sus engranajes,
El timonel se introdujo por el mismo túnel de siempre.

Pero las cosas parecían mas quietas de lo normal en la oscuridad
Y la luz subterránea de los pasillos iba y venía,
No sé a donde, ni de donde.
Parpadeaban al igual que los pasajeros,
Que frente a ella desaparecían,
Entrecortando sus palabras
Y aparecían retomándolas de nuevo.

Sus amigos parecían hologramas mal sintonizados
Mirándola con normalidad desde sus asientos.
Ella no podía tener los ojos más abiertos,
Cuando un vapor espeso comenzó a inundar la estancia y sus pulmones
Y un agua negra a hurgar en sus pies.

Había resplandor y sabor de antorcha fuera,
Y salió forzando con lágrimas la puerta corrediza.
Había llegado, no al mismo lugar, pero lo había echo.
Y ningún pasajero más salió con el billete en la mano
Mientras el tren se hundía lentamente y sin permiso
En un sudor maloliente de agua negra.

Delante peces ahogados en ese lago
Y el camino inundado por donde había venido.
Y detrás sillares bien borneados con ardor naranja,
Una compuerta repujada quedaba a la cerrazón.
Macilenta y descompuesta:
“¿Y ahora yo que hago?
¿Dónde empieza la vuelta?”

Entonces claro, igual que apareció el mal atrás,
Apareció su amado.
Bajando como un revisor las nuevas gradas de piedra hasta el andén.
Rayando hasta la chispa con su pulida armadura la pared:
“¿Qué hago yo aquí?
¿De salvar, te tendría que salvar a ti?”

Y que sorpresa no sólo haber cambiado
Su ropa de ir a clase
Por un pomposo y largo vestido sonrosado,
Si no que su hidalgo no fuera el de costumbre,
Si no el que el silencio ha amado:
“No pueden sangrarme las rodillas de rezar por mi héroe
Y que aparezcas tú recitando mis salmos con una espada de gitano.
El caso es que lo eres o no lo eres, pero no quiero que lo seas.
Por el bien de mi confuso corazón y del que me espera de verdad ahí fuera”

Y con sus nuevos zapatos naíf,
Corrió en dirección contraría mientras rosas se colaban por su vestido,
Dejando un perfumado jaral que sonaba a chelo en su camino.
Se introdujo en la corriente y empezó a marchar por donde la habían traído.

“Las ratas lo pensaron antes que yo”
Y arrastraba suciedad amarga por todo el cuerpo.
Sirviéndole de artesa su larga cremallera
Y tocando con los pies perdidos los diferentes posos de la ciénaga.
“¿Qué se creé este nuevo espantapájaros armado y pretendiente, viniendo a recogerme?
¿Cuantas muescas llevará en su muñeca menos que yo y prueba quererme?
Aunque… si me hubiera quedado, ahora tendría amaranto y ronces en ramos.
¿Habrá un perdón para el desatado corazón por la inflorescencia de las manos?”

El caballero olvidado en el tiempo y en la estación:
“Tranquilo, es sólo agua debajo del mar”

Agotada y sin apenas ya pisadas.
Tiznada hasta las orejas y chorreando sus coletas.
Casi pensaba en gritar y despertarse
Cuando algo zigzagueo sus piernas:
“Tranquila, sólo es agua debajo del mar”

Y si en la noche de un túnel se pudiera ver algo a parte de ojos,
Se vería una gran cabeza levantándose barbuda y negra.
Serpenteando con una gran lengua partida.
Hipnotizando a sus pupilas con su pupila amolada de lagarto.
Sonriendo con sus caninos y los hijastros de caninos.
La respiración mecía las coletas y el resuello de la princesa prometida
Y el dragón azabache dijo:
“¿Quién te manda a conocerlo en esta vida?”

Mucho antes del eco de su grito.
Allí donde nada podían hacer los ojos.
Una espada de gitano se desenvaina.

-Dimas- También conocido como “AquelqueconfundióaJudasPriestconMotorheadconBlackSabbathdurantemuchotiempoperoyano”

A PROPÓSITO DE…Bueno, mis queridos lectores indigentes, esta es la valiente historia de uno de esos sueños que tienes en los que estás y no estás dormido.
Como en muchos de mis poemas os dejo que creéis y creáis en un final inventado por vosotros, deliberar, conjeturar y seguid escribiendo mi poema.